El feminicidio de Raquel Torres Pavón no es “una cifra más”

<pre style="text-align: center;"> <strong>Foto: Stefania Zapatero/Somoselmedio.org</strong></pre> <p>&nbsp;</p>
En algunos periódicos comienza a circular la noticia que la PGJ ha detenido al asesino

Por Fabiola Gutiérrez QuirozImelda Carranza,  Lucia Joselin  Muñoz

Raquel fue una mujer llena de energía, vida y alegría; hermana, tía, hija y compañera.

“Nada de lo que hizo mi hermana en su vida la llevó a tener un final así de violento y así de injusto como lo tuvo. El peor enemigo es hacer un juicio de las personas que son víctimas”, afirma Rosa María Torres Bustillos, hermana de Raquel Torres Pavón, víctima de feminicidio el pasado viernes 18 de abril en la ciudad de Puebla, Puebla. Otra de sus hermanas, María Elena, comenta: “me pareció una gran paradoja haber donado mi pared a la campaña de Amnistía Internacional en contra del feminicidio y que luego nos pasara esto… ¡No debería haber ni una más!”

Ambas platican sobre su hermana con mucho cariño y dolor. Raquel Torres Pavón nació y creció en México, fue una mujer de carácter notable: por un lado era una chica rebelde, inconforme con el sistema y con la forma tradicional de  pensamiento hacia los jóvenes y hacia las mujeres; por otro, una persona que combinaba su pasión por conocer el mundo con su apego al hogar y la familia.

Era una persona muy sociable, en sus labios nunca faltaba una sonrisa. Desde temprana edad se volvió una mujer autónoma y autosuficiente que comenzó a trabajar como mesera; para ella no había trabajo pequeño, lo que hacía lo hacía con mucho orgullo y dedicación, por lo que se volvió una experta en el tema. Conocía de gastronomía, de vinos, toda una sommelier que mostraba abiertamente el gusto por su trabajo. Siempre atenta hacia los demás, se le podía ver compartiendo su conocimiento con sus compañeros.

Raquel Torres Pavón

Raquel vivió en Cuernavaca, Puebla y Oaxaca, en este último estado conoció a Lorenzo, ciudadano francés con el que se casaría en un castillo que cuidaba los padres de éste en Burdeos; en esa cuidad vivió hasta que se separó de su esposo. No detuvo ahí su proyecto de vida, aprovechó para viajar. Gracias a su seguridad y a su facilidad para aprender idiomas, pudo conocer otras formas de hacer y vivir, pues Raquel siempre fue una chica “echada pa´delante” que desbordaba y contagiaba su energía.

En México llevaba tres meses, había venido a visitar a la familia, regresando a sus raíces antes de volver a su anhelo de estudiar geografía en la universidad de París; no era su único sueño, pero sí en el que se había centrado ahora, pues era una mujer llena de proyectos.

Estaba a un par de días de volver a Francia. Trabajaba en un restaurant cuyo dueño era su amigo, la misma persona que le había prestado su departamento durante los tres meses de su estancia en Puebla. Un rostro hermoso de ojos grandes, “una mujer llena de vida” –cuenta su hermana–, vida que fue sesgada sin justificación ni motivo. Una razón más para luchar. Raquel no es una cifra, ni es un caso aislado, era la hermana, la hija, la tía, la compañera que el día de mañana podría ser la hermana, la hija, la tía o la compañera de cualquiera de nosotros.

Ojalá el caso Raquel sirva para que se voltee a ver lo que pasa en Puebla

“Hoy sabemos que 6 mujeres mueren a diario. Y me da miedo, y me deja más indignada pensar que sólo lo vemos como un triste número. Total, el tiempo transcurre. Es un tic tac que nos destroza. Nos sumerge aún más en el hueco en el que estamos estancados. Raquel, no eres un número. No eres una de las seis. Eras mi tía”, se lee en las redes sociales las palabras de la sobrina de Raquel Torres Pavón, quien además teme que el asesinato de su tía quede en la impunidad.

A pesar que en el 2012 en el estado de Puebla se aprobó el artículo 312 Bis al Código de Defensa Social para el Estado, que tipifica como delito grave el feminicidio, los asesinatos de mujeres siguen en la impunidad. En dicha ley se especifica que para considerar un homicidio como feminicidio, tiene que haber las siguientes características: cuando se comete por odio o aversión hacia las mujeres, por celos extremos y cuando existan datos que establezcan en la víctima lesiones infamantes, violencia sexual, acoso, amenazas, tormentos o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

El portal de Cimacnoticias, en su nota Casi 200 asesinatos, pero sólo un sentenciado por feminicidio, señala que la reforma aprobada hace tres años por el Congreso de Puebla no es suficiente, pues en el estado no existe banco de datos de las víctimas ni mucho menos un protocolo para que la Procuraduría de Justicia (PGJ) del estado de Puebla identifique si la muerte de una mujer fue por causa de violencia de género, y eso impide que se tenga “información fidedigna y confiable en cuanto a los hechos de feminicidios.” Al no contar con los datos necesarios, no se ha podido dar una cifra real del número de mujeres asesinada; esto no sólo pasa en Puebla, es en todo el país. 

Para María Elena es indignante cómo el Ministerio Público hace sus averiguaciones, pues pareciera ser que busca culpar a la víctima: “además de vivir este dolor por cómo la mataron, hay que demostrar que no se lo merecía, es por lo que tenemos que pasar todas las mujeres en los Ministerios Públicos; sus formas de hacer investigación son muy humillantes. Cómo se vestía, con cuántos salía, si bebía, si se drogaba... son las preguntas que hay que responder para demostrar si mi hermana era perfecta y honrada.”

Foto: Stefania Zapatero/Somoselmedio.org

En la nota de Juarez NewsTV Mala tipificación impide investigar feminicidio en el país: ONG´S, publicada en noviembre del años pasado, se comenta que las leyes que existen en el país para criminalizar la violencia extrema contra las mujeres sólo dificulta las averiguaciones, pues en algunos estados de la República como en Guanajuato, “se pide que se compruebe que la 'víctima haya sido vejada' o que se acredite la existencia de 'odio o celos' –como en Puebla–, lo cual es muy difícil de demostrar.”

Además de pasar por todo un proceso legal, donde las leyes del Código Penal son mal interpretadas, la madre y las hermanas de Raquel tienen que soportar la revictimización y el amarillismo de  algunos medios de comunicación: “están poniendo en duda la causa de su muerte, es decir, se quiere minimizar que asesinaron a Raquel, que es un feminicidio. Este tipo de mensajes son los que está mandando la prensa amarillista, cuestionando la conducta de la víctima para justificar su asesinato y por supuesto que son sumamente machistas.”

Los familiares de Raquel han creado una ruta legal para que su asesinato no quede impune o se quiera cerrar su caso sin dar solución al problema real: el feminicidio. Y pese que en algunos periódicos   comienza a circular la noticia que la PGJ ha detenido al asesino de Raquel, eso no significa que los asesinatos de mujeres en Puebla disminuyan. Aunque es clara la intención de dar carpetazo y dejar en el olvido este crimen, aún faltan muchas preguntas por responder y resolver para que ni una más sea víctima de la violencia. 

“Ojalá el caso de Raquel sirva para que se voltee a ver lo que pasa con los feminicidios en Puebla. Nos están matando por ser mujeres. Raquel no es un número. Hay que empezar a ponerle nombre a todos los números y a poner rostro a todas la mujeres asesinadas en este país”, con tristeza y rabia en los ojos comentó María Elena Torre Bustillo.

Foto: Stefania Zapatero/Somoselmedio.org

Los feminicidios aumentan, pero la sociedad civil se organiza      

El 1° de febrero del 2007, durante la presidencia de Felipe Calderón, entró en vigor la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Entre otras cosas, este importante documento especifica a qué nos referimos cuando hablamos de feminicidio y a la letra dice: es la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado, conformada por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y del estado y puede culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres.

A ocho años de la expedición y “aplicación”, el 95 por ciento de los casos tipificados como feminicidios quedan impunes. Lamentablemente en los últimos años este problema ha crecido de forma alarmante en todo el país. Por ejemplo, en Oaxaca el procurador Héctor Joaquín Carrillo Ruiz, reconoció que a partir de que la LXII legislatura local tipificó el feminicidio como un delito autónomo. En agosto de 2012, al menos entre el 40 y 45 por ciento de los asesinatos contra mujeres, son catalogados como feminicidios; de ese porcentaje sólo se han girado orden de aprehensión al 33 por ciento de los casos; de ese 33 sólo han logrado consignar a  una persona  por cometer feminicidio.

En otras partes del país la situación no es más alentadora. De acuerdo con la Asociación de Derechos Humanos Las libres, del 2011 al 2014 se tiene registro de los siguientes asesinatos de mujeres con perspectiva de género, es decir, tipificados como feminicidio: 93 en Chihuahua, 63 en Durango, 92 en Nuevo León, 187 en Sinaloa, 193 en Guanajuato, 343 en Michoacán, 297 en Guerrero, 130 en Morelos, 85 en Chiapas, 458 en Puebla, 104 en D.F y 563 en el Estado de México.

Foto: Stefania Zapatero/Somoselmedio.org

Es necesario hacer una mención especial sobre el Estado de México, el caso más alarmante de todo el país. A pesar de ser el primer lugar en número de feminicidios, las autoridades no han asumido las acciones para proteger a su población. Al cuestionarle al Gobernador, Eruviel Ávila, sobre esta alarmante situación comentó que “hay cosas más graves que atender”, dicha declaración realizada en mayo del 2014 –que no ha sido la única de igual magnitud– pone en duda la capacidad y voluntad del gobierno para salvaguardar los derechos de la población, en especial de las mujeres. Lo que pone en tela de juicio una de las funciones básicas que tiene que cumplir el Estado: la seguridad.

A pesar del terrible panorama que evidencian las cifras, ninguna de las entidades referidas ha solicitado que se active la Alerta de Género (AG), la cual trabaja con acciones gubernamentales emergentes dirigidas a enfrentar y erradicar la violencia feminicida en un territorio determinado. La AG se compone de recursos materiales y humanos como asesores interinstitucionales y multidisciplinarios con perspectiva de género, además de hacer del conocimiento público sobre la AG que se implementa en zonas de riesgo para las mujeres y se da las medidas a seguir.

La situación pudiera ser desalentadora, sin embargo, es importante reconocer los logros que se han realizado en esta materia. En primer lugar, la existencia de  la Ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia que no es una dádiva del aparato gubernamental, porque la existencia de este marco legal es una conquista del movimiento social feminista y simpatizantes.

Otro punto a considerar es que al existir mecanismos legales se visibiliza esta brutal actividad, que ha estado incrustada en la dinámica social de nuestro país. Es decir, no es que anteriormente no existieran casos de violencia que cotidianamente vivieron y viven miles de mujeres, a lo que se hace referencia en el marco constitucional que entró en vigor en 2007, sino que ahora se cuenta con una herramienta legal y de denuncia pública de carácter social que marca el primer paso en la búsqueda de justicia para cada una de las mujeres que han sido víctimas de violencia de género.

Como último punto, es importante que se dimensione la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia como una herramienta de lucha y organización social, pues por sí misma esta ley no representa nada. La búsqueda de justicia recae en la acción de organismos de derechos humanos y de la sociedad que día con día utilizan este espacio legal para dar esperanza a las familias, los barrios, las regiones, al país y así la exigencia de justicia se mantenga firme, se juzgue y castigue cada caso en el que a una mariposa –como Raquel Torres Pavón– le es arrebatada la vida por el odio que genera el hermoso hecho de ser mujer.